miércoles, 21 de enero de 2009

Jueves 15 de enero de 2009

Tengo la sensación de tener las orejas ardiendo.

Siempre que entro en el ala de los aspirantes de segundo del cuartel "Francisco Moreno" me parece que todo el calor acumulado en esos viejos radiadores se dirige única y exclusivamente a mis orejas. En un principio se agradece mucho ya que, ya sea por que he estado toda la noche andando por el monte gallego, por que no ha parado de llover desde las 3 de la mañana o por que, cuando estábamos haciendo rapel, el viento a rematado lo que había empezado en el ejercicio táctico y de tiro, las orejas llegan a dicho pasillo pidiendo calor a gritos. Pero para ellas el calor debe de ser como una droga ya que solo con catarlo una vez les crea una adicción que provoca que el color de tus miembros externos de audición tomen un color rojizo bastante gracioso al contraste con el resto de la cara.

Este calor en las orejas suele venir acompañado de un cansancio general y un sueño infranqueable para los cuales solamente existe una cura, la litera de arriba a la izquierda.

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